jueves, enero 07, 2016

Del TPP y del Dominio de las Transnacionales en el Mundo


Por Marcel Claude

Cuando David Korten en 1998 escribió su libro Cuando las Trasnacionales gobiernan el mundo, ya era evidente lo que hoy ya se está plasmando desenfadadamente en nuestro precarizado mundo moderno. Allí Korten señalaba que asistíamos a “una transformación consciente e intencional en busca de un nuevo orden económico mundial donde los negocios no tengan nacionalidad ni fronteras…impulsado por sueños globales de grandes imperios empresariales, gobiernos condescendientes, una monocultura consumista generalizada y un compromiso ideológico con el liberalismo empresarial”. En este nuevo orden mundial “las quejas sobre restricciones al acceso a los mercados externos serían rápidamente investigadas y resueltas por paneles de arbitraje supranacionales”. En este marco Korten señalaba que los líderes políticos no hacen más que proponer las viejas e ineficaces soluciones: acelerar el crecimiento económico mediante la desregulación, la reducción de impuestos, la eliminación de las barreras comerciales, la entrega de más y más subsidios e incentivos a la industria, obligar a los pensionados a trabajar, aumentar la represión policial y construir más cárceles. Para este autor, se ha instalado “una crisis de gobernabilidad nacida de la convergencia de fuerzas ideológicas, políticas y tecnológicas tras un proceso de globalización económica que está transfiriendo el poder de los gobiernos responsables del bien público a un puñado de empresas institucionales financieras motivadas por un solo imperativo: la búsqueda de las utilidades económicas a corto plazo”. Y todo esto tiene un mensaje subyacente: La gente local no debe tener más el derecho de gobernar sus propias economías según el interés local. Más bien, el gobierno debe responder a las necesidades de la empresa global[1].

Más de 20 años tienen estas reflexiones relacionadas con el ineluctable imperio del mercado y la tiranía de las empresas multinacionales, la pérdida de soberanía y la disolución de la democracia política en el “free to choose” de Milton Friedman, en donde puedes elegir el candidato, mas no el programa de gobierno ni menos un proyecto político que contravenga la ruta señalada por las empresas multinacionales. Aquello está brutalmente prohibido y duramente sancionado.

¿Qué otra cosa es el TPP (Acuerdo Transpacífico de Libre Comercio) suscrito el pasado 5 de octubre entre Estados Unidos y once países afines (Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, México, Malasia, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, y Vietnam) de la Cuenca del Pacífico, a punto de ratificarse por la Presidente de Chile, Michelle Bachelet, sino un paso más hacia el nuevo orden económico mundial en donde los grandes poderes económicos y financieros actúan en total impunidad y con un poder incontrarrestable?. Paul Walder en un artículo publicado por El Clarín (26/octubre/2015) sostiene que este acuerdo “es una extensión de la ola de los tratados de libre comercio (TLC) de la década pasada y un importante dique levantado por Estados Unidos para favorecer a sus corporaciones y arrinconar a China”. A su vez, este tratado en el Pacífico busca sincronías políticas con el TTIP (Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión) que se está negociando entre EE UU y Europa.

Los temores respecto de estos acuerdos negociados a puertas cerradas y con gran presencia de lobistas de las empresas multinacionales, suman y siguen. Joseph Stiglitz, destacado economista entrevistado por The Vancouver Sun, en octubre de 2015, lo dijo sin grandes dubitaciones: “se trata de un acuerdo que podría acarrear consecuencias negativas para los ciudadanos de los países firmantes, mientras que las empresas multinacionales, incluidas las grandes farmacéuticas, se beneficiarán”...ya que “se desmarca de las regulaciones sobre el medioambiente, la seguridad, la economía, la salud”. Particularmente preocupado se mostró por lo que ocurriría con los medicamentos genéricos cuyo acceso se verá limitado y los sectores más pobres tendrán mayores dificultades para acceder a estos.

Organizaciones críticas y contrarias a la firma del TPP, han alarmado sobre el intento de multinacionales como la tenebrosa transnacional Monsanto de volver sobre sus pasos y lograr la aprobación del Convenio UPOV 91 que instalaría la temida privatización de la semilla. Este convenio no pudo ser ratificado el 2014 gracias a las presiones que la sociedad civil realizó ante las diferentes instituciones políticas, retirándose de la discusión parlamentaria. Sin embargo, hoy, si se ratificara el TPP, la multinacional Monsanto lograría su cometido de impedir el libre uso de las semillas y conseguiría las condiciones para la masificación y expansión de los cultivos transgénicos. Esto no es ficción, y sólo para hacer memoria recuérdese que en Colombia ya se denunciaba en el 2013, como consecuencia de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, que los campesinos fueron impedidos de almacenar semillas y solo se permitía la compra de semillas “certificadas” por Monsanto y Dupont. Los temores no son absurdos, dado que las empresas que concentran toda la producción de semillas y plantas transgénicas a nivel mundial son muy pocas, y es Monsanto la principal pues ocupa el primer lugar con el 80% del mercado, seguida por Aventis con el 7%, Syngenta y BASF con el 5% cada una, y DuPont con el 3%. El temor se origina en el hecho de que existe una creciente adopción de este tipo de agricultura; y dado que estas empresas producen el 60% de los plaguicidas y el 23% de las semillas comerciales que se utilizan en la actualidad, es posible inferir que a corto plazo la seguridad alimentaria mundial podría estar en manos de unas pocas transnacionales[2].

En cuanto a la autonomía de los gobiernos para decidir sobre sus políticas económicas, Heribert Dieter sostiene que los países del TPP se comprometerían a abstenerse de tomar medidas para administrar los tipos de cambio, perdiendo autonomía para delinear sus políticas económicas. Solo se permitiría un único régimen de tipo de cambio flexible, prohibiéndose las medidas para influir en el valor exterior de una divisa. De este modo los países firmantes perderían un importante instrumento de política económica, especialmente los países en desarrollo y los emergentes. Las sobrevaluaciones de una divisa tales como las que ocurrieron en América Latina tras la agresiva flexibilización monetaria de Estados Unidos a partir de 2008 ya no podrán ser combatidas por los bancos centrales después de que el TPP haya entrado en vigor[3].

Este nuevo tratado se ha considerado mucho más exigente y radical en materia de comercio internacional de lo que ya se conocía[4], lo que ya era bastante complejo especialmente para los países que abrigan una gran población pobre y precarizada. El TPP blindará a los grandes inversionistas extranjeros y a los monopolios de la salud, entre otros. El TPP abarca prácticamente todos los ámbitos en una lógica de privatización y desregulación, desde la agricultura, los servicios y las inversiones, las políticas públicas, las normas relacionadas con la transparencia, los mecanismos de resolución de controversias, los estándares ambientales y laborales, y la propiedad intelectual. Y como sostiene Ana Romero Caro, en el TPP desde un inicio se ha presionado por incluir medidas que ya fueron rechazadas en otras negociaciones para otros tratados en el Perú. Lo mismo ha pasado en Chile en relación con el Convenio UPOV 91 que privatiza la semilla y da rienda suelta a los transgénicos, el que habiendo sido ya rechazado, hoy vuelve a ser introducido con el TPP.

Como ya lo anticipaba Korten hace 20 años, lo que se viene instalando desde hace más de medio siglo apunta a proteger sobremanera a los inversionistas extranjeros en contra de la población local y de los pueblos soberanos. Es así como en el TPP un capítulo de protección de las inversiones y la incorporación de un mecanismo de arbitraje, apunta precisamente a lo que anticipara Korten: un mecanismo que permitirá a los inversionistas demandar a los diferentes estados nacionales ante tribunales internacionales sin recurrir al sistema jurídico local, lo que no es nuevo dado que la posibilidad de recurrir al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) o a la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional (UNCITRAL) ya estaba contemplado en otros acuerdos de libre comercio firmados por nuestros países latinoamericanos con los Estados Unidos. 

Para Mariano Turzi el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP) tendrá implicancias determinantes pues su consolidación o estancamiento determinará en gran medida el devenir de la integración regional latinoamericana[5]. Según Turzi, en el siglo XXI el TPP está introduciendo un nuevo vector al proceso de integración latinoamericano, dividiendo a la región en Este y Oeste, o Pacífico y Atlántico. En la actual etapa de capitalismo de carácter súper globalizado, el TPP introducirá alteraciones que impactarán en los patrones de producción y localización de las actividades económicas, alterándose los precios relativos y los costos de producción, generando la desaparición de algunas industrias y la instalación de otras, en donde lo único que podemos sospechar -gracias a las características institucionales que impondría el TPP-, es que se hará más precaria la vida laboral y se incrementarán las desigualdades, simplemente por el hecho de que mejorará considerablemente la posición de poder de las compañías multinacionales. Por otra parte, contribuirá a una creciente fractura de naturaleza política entre la Alianza del Pacífico (AP) y el Mercosur (Mercado Común del Sur). De hecho ya se sabe que la AP es más pragmática en lo político, más proclive a la apertura comercial y liberal en lo financiero, así como, mucho más funcional a los intereses de Estados Unidos.

Para los poderes económicos chilenos, léase las siete familias propietarias del país, pertenecer al TPP es innegablemente una oportunidad más para seguir aumentando su poder y riqueza. De hecho, tal como lo señala Felipe Lopeandía[6], para una economía primario exportadora como Chile, ser parte de un esquema económico comercial como el TPP que agrupa al 40% del PIB mundial y tiene entre sus miembros a dos de las tres economías más grandes del mundo –Estados Unidos y Japón-, constituye un factor extremadamente relevante. Ello también nos permite apreciar con mayor claridad la verdadera naturaleza de quienes hoy en Chile detentan el poder político. Bachelet y su Nueva Mayoría ex Concertación, claramente está al servicio de las transnacionales y de los intereses norteamericanos. El pueblo de Chile no está dentro de sus prioridades.

Lo anterior nos permite también comprender la información de El Clarín del día 9 de junio de 2015, respecto a que Chile sería parte de los países que firmarían otro acuerdo secreto conocido como TISA (Trade In Services Agreement), que no es otra cosa que un acuerdo mundial secreto de comercio internacional de servicios, que cubriría todos los ámbitos, desde telecomunicaciones y el comercio electrónico hasta los servicios financieros, seguros y transportes, que sería incluso más nocivo para los intereses locales que el propio TPP.

“Mira lo que han hecho de ti mi país” cantaba en tiempos de dictadura Isabel Parra (hija de Violeta Parra). Efectivamente Chile es hoy un país muy distinto, un modelo de comportamiento social y político que favorece la acumulación capitalista a ultranza y que, como es obvio, es el modelo perfecto para las multinacionales, con una “paz social”, léase sumisión y domesticación, inimaginable al pensar en ese Chile que resistió con notable voluntad y determinación los embates de la brutal dictadura militar. Hoy se ha convertido en el paraíso del capitalismo salvaje y muchos países siguen sus pasos para horror y dolorosa sorpresa de muchos hombres y mujeres que han conservado la cordura y se han mantenido conscientes.

Con acuerdos comerciales como el TPP, Chile se adentra aún mucho más en este modelo de habitar el mundo que es el individualismo superlativo y la acumulación capitalista ilimitada. Este tipo de acuerdos solo permiten avizorar tiempos aún más duros para Chile y la humanidad toda entera, nuevas esclavitudes y nuevos negreros amenazan el futuro de los pueblos.

Pero así como estas nuevas realidades que construyen los TPP y los TISA, engendrarán nuevos dolores y nuevas víctimas, también harán surgir nuevos luchadores sociales y nuevas revoluciones. Y para los que hoy somos testigos de estos procesos regresivos, no nos queda más camino que seguir bregando contra la corriente, con la certeza de que el surgimiento de una nueva conciencia permitirá alguna vez instalar un orden de mayor justicia entre los hombres y de mayor respeto hacia la naturaleza.




[1] Korten, David.  Cuando las transnacionales gobiernan el mundo.  Cuatro Vientos Editorial, Primera Edición 1998.

[2] Centro Latinoamericano de Estudios AmbientalesLa agricultura transgénica como mega proyecto ¿Por qué debes verla así?; www.ecoosfera.com; septiembre 10, 2015.

[3] Dieter, Heribert.  ¿Qué efectos tiene el Acuerdo Transpacífico sobre los países no participantes?; en Portal Nueva Sociedad Democracia y Política en América Latina; diciembre 2015.

[4] Romero Cano, Ana.  Con el Acuerdo Transpacífico perdemos todos; en Portal Nueva Sociedad Democracia y Política en América Latina; noviembre 2015.

[5] Turzi, Mariano.  El Acuerdo Transpacífico, ¿una amenaza a la integración latinoamericana?; en Portal Nueva Sociedad Democracia y Política en América Latina; octubre 2015

[6] Lopeandía, Felipe. ¿Por qué Chile celebra su incorporación al polémico TPP?; en Portal Nueva Sociedad Democracia y Política en América Latina; octubre 2015.